Charla impartida por Zuriñe Zarandona Ruiz, psicóloga en nuestro centro escolar.
Nuestro hijo ha comenzado una nueva etapa, su etapa escolar, y comenzamos a ver, desde casa, cambios importantes.
Los niños crecen y ¡qué difícil es! De repente, se tienen que separar de sus personas de referencia, papá y mamá, y se encuentran en un lugar desconocido, con más niños que tienen sus necesidades, además tienen que vincularse con una persona nueva de referencia. Todo ello, conlleva un GRAN CAMBIO AL QUE DEBEN ADAPTARSE.
¿Qué cambios son los que podemos observar en nuestros hijos?
Cambios emocionales
Le notamos más irritable, no duerme bien, rechaza alimentos, solo quiere estar con mamá y papá, … ¿cómo debemos actuar?.
Desde la escuela os recomendamos despedidas rápidas y siempre diciéndoles adiós, contándole lo que vais a hacer juntos cuando os volváis a ver. Desde casa, aceptar sus enfados y ponerles palabras a sus actos, siempre desde el cariño y la honestidad.
En esos momentos, no es tiempo de hacer cambios en sus rutinas. Si reclama atención en acciones que hacía él solo, seamos un poco flexibles y acompañemos la situación. Poco a poco, veremos que está más adaptado a su nueva etapa y podremos realizar cambios y sustituir rutinas.
Cambios en la autonomía
Desde la escuela, trabajamos mucho que los niños sean capaces de hacer por sí solos.
En casa, podemos observar que son ellos los que quieren participar y hacer. Nosotros vemos estas acciones como grandes conquistas que surgen siempre desde el deseo del niño, y no de la imposición. El grupo, en clase, ayuda mucho a que este proceso sea rápido, por ello, debemos dejarles hacer y a través del “ensayo y error” ellos aprendan a ganar autonomía.
Cambios cognitivos
En la escuela, hay muchas rutinas establecidas, esto les permite estructurarse, anticipando lo que viene después, y por ello, ganar seguridad y confianza. Dentro de clase, el ambiente es muy estimulador, lo que les permite “abrir sus mentes”, aumentar su atención y curiosidad. Desde casa, podremos observar que busquen más estimulación o, incluso, se “aburran” más y reclamen atención para saciar su creatividad e imaginación.
Cambios en la socialización
Como hemos comentado anteriormente, de repente nuestro hijo se ve en un nuevo entorno, con un nuevo grupo de niños y con una nueva persona de referencia. Ahora deben compartir sus juguetes, deben esperar su turno, no tienen lo que quieren al momento, …, cambios a los que deben de ir acostumbrándose.
Entre el primer y segundo año, los niños, dentro del grupo, son más independientes manteniendo un juego paralelo con los demás niños. Con dos y tres años, comienzan las preferencias y comienzan a darse las primeras amistades.
Aún así, la realidad es que en esta etapa los niños no tienen herramientas para la socialización y esto supone que surjan conflictos dentro del aula. Cuando no hay autocontrol y no saben gestionar sus emociones, los niños se comunican a través de impulsos primitivos, como pueden ser mordiscos, golpes, arañazos, … Lo que debemos de hacer el adulto es enseñarles a que esos impulsos evolucionen al beso o a la caricia. El niño que pega no es agresor, por lo que, desde la escuela, trabajamos para transformar ese acto.
En casa tenemos que poner límites sin atender demasiado ese comportamiento, siendo concisos y claros. Debemos de entender que es un momento evolutivo, en el que está formando su autoestima y su personalidad. Otra manera de trabajar estos conflictos es a través del lenguaje emocional: “no le gusta”, “lo decimos con palabras”, “usamos las palabras mágicas”, … Explicamos las emociones. Con el lenguaje se autorregulan por lo que comienzan a gestionar mejor los conflictos según lo adquieren.
¿Qué os aconsejamos hacer en casa?
Desde la escuela, les enseñamos lo emocional, a explorar el mundo, a estar, a compartir, … lo que les ayuda a adaptarse, siempre haciéndolo desde el respeto. Se encuentran en una edad muy importante, en el que trabajamos el vínculo y la presencia, la autonomía, el cuerpo y el juego como primer lenguaje.
Criar y educar no consiste en acelerar etapas, debemos acompañar cada paso en el camino. Crecer es difícil porque conlleva varios duelos, pero tiene grandes conquistas que debemos de respetar, acompañándolos sin invadir, y siempre con firmeza amable.
